Aún quedan de aquellos empresarios para quienes el trabajador es un parasito que solamente pretende llevarse su dinero sin merecérselo, esos empresarios que se indignan pensando en lo mucho que el hace por sus empleados y el mal pago que recibe de ellos, porque hay que estar constantemente encima de ellos para que trabajen, y ni aún así “todo lo hacen al revés “ . Hasta aquí la forma de entender las relaciones laborales, de algunos empresarios en España, son una constante desde, al menos el siglo XVIII.Esos empresarios establecían con sus trabajadores una relación casi feudal. Su rol era el del señor exigente y benévolo que “ daba de comer a sus obreros “ y se apiadaba de ellos, porque aún que “ eran unos pobres desgraciados no los ponía en la calle por caridad cristiana “ y los hacía saber la suerte que tenían de que él ( el amo ), aún que tenia “ mala leche “, era buena persona.
Por suerte, para ese tipo de empresario no todos los empleados eran igual de vagos e incapaces, siempre había unos pocos favoritos muy trabajadores y serviciales, esos que llegan al trabajo antes que nadie y se van los últimos, esos que siempre están dispuestos a trabajar las horas extras que sean necesarias y que siempre lo hacen con una sonrisa en la cara porque la empresa es su vida y su agradecimiento al patrón, que da de comer a sus hijos, infinito ( ese empleado a bien creia en ello o así se lo hacia creer al jefe ).
Surgió entonces el movimiento sindical, lograron mejoras fundamentales, jornadas laborales más humanas, mejoras en la seguridad laboral, establecimiento de un calendario laboral, dos días libres cada cinco de trabajo, etc, etc.
Se formalizaban los contratos laborales y apareció la indemnización por despido no procedente.
Durante la dictadura del nacional- catolicismo la figura del “ empresario-patón- protector de sus súbditos-empleados ” cobro nuevo auge, así como los viejos roles empleado-holgazán y empleado-modélico también se llevaron a la máxima expresión.
Con la llegada de la democracia estos viejos roles, está trasnochada filosofía empresarial, no fue eliminada. Se fue reconvirtiendo, pero, desgraciadamente, en nuestra sociedad está anclada en lo más profundo de nuestro subconsciente colectivo y, exceptuando algunas honrosas excepciones, no se han dado los pasos necesarios para modificar esa dañina ( dañina para lo económico y lo social ) filosofía productiva.
Se ha seguido ahondando por parte de los distintos gobiernos y sindicatos en dirigir la política de contratación bajo la creencia de que para el empresario los trabajadores de su empresa son una pesada carga y si no se le pone coto despediría a la mayor parte de la plantilla ( según esa filosofía económica esos trabajadores no contribuyen a generar ganancias para la empresa ) y según la clásica y errónea teoría el gobierno debe hacer lo posible para generar empleo mediante leyes de todo tipo y modalidades de contratación, buscando un equilibrio imposible entre la realidad económica y su visión de las relaciones laborales.
Las organizaciones empresariales han desempeñado un papel fundamental en el ahondar aún más en el trasnochado sistema; imbuidos como están, junto a gobierno y sindicatos, en su dañina filosofía de confrontación entre los intereses de la empresa y sus no-productivos empleados, que a fuerza de ser tratados como tal, en muchos casos han llegado a serlo.
Es imprescindible perderle el miedo a nuestra capacidad como sociedad de generar riqueza sin la tutela del gobierno porque el empresario busca ganar dinero y para hacerlo necesita del trabajador y esté además de buscar el mejor sueldo posible también es motivado por su participación productiva dentro de la empresa e identificación con la misma, siempre que se le sepan dar las motivaciones suficientes, tales como: adecuada especialización, sueldo acorde con su productividad, incentivos económicos según objetivos, horario laboral adecuado entre las necesidades de la empresa y las suyas, posibilidades de ascenso según valía profesional, etc.